Un Café

4 Feb

La que has liado

Siempre he sentido una envidia sana por los camareros de las cafeterías. Quizás desde niño se quedó impregnado en mí  ese ritual armónico y casi celestial de ver servir un café con leche bien caliente.

El camarero una vez que ha registrado en su cerebro nuestra petición de un café con leche, se pone en marcha como accionado por un resorte;  empieza el ritual:

Primero se gira sobre sus talones con una seguridad tal, que nadie puede darse por ofendido porque nos dé la espalda.

Con un movimiento de brazo milimétrico, como estudiado y ensayado en las mejores academias de ballet ruso, extrae de la máquina de café, la parte metálica que lleva la dosis de café.

Con unos golpes rítmicos y acompasados dignos de un director de orquesta filarmónica, golpea la parte metálica en el cajón que recoge los restos del café. A nadie parece molestarle esos golpes, más…

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